La literatura es para mí una pasión , una vocación y un extravío.
Pasión , porque más que un ejercicio intelectual, se ha convertido en una necesidad , en una urgencia que me impele a enfrentar el mundo y recrearlo desde la geografía atormentada de la imaginación , tratando de copiar en una mínima escala los milagros creativos con que iniciaron este arte los escribas y juglares de Asiria, de Egipto, de Grecia en las historias que engendraron a Gilgamesh, a Isis, a Osiris, a Ulises y a toda la parentela de Dioses y de Héroes que habitan la cosmogonía de los pueblos del Medio Oriente.
Es una vocación, porque a través de ella y gracias a su compañía, he logrado entender la vida como un pretexto que se nos brinda para alcanzar en el trabajo literario un atisbo, una muestra de la felicidad que nos niega en este tránsito fugaz por la tierra , la trama perversa de las ideologías religiosas y políticas, de los Mesías y los Profetas, que con sus cantos de sangre y horror nos han condenado a ser encarnaciones sórdidas, roñosas de ese mal bicho conocido como Gregorio Samsa.
Extravío, porque merced a los nuevos límites y a los nuevos paisajes que la literatura ha creado en mi pensamiento , he logrado superar en gran parte ese sentimiento patético de futilidad y vacío que nos entrega como carta de navegación obligada la cultura imperante absorbida por la desesperanza y el tedio .
Quiero, entonces, por las razones antes expuestas compartir con todos los amigos y amigas que se acerquen a este pequeño puerto del gigantesco océano del Internet , una parte del amor que me ha entregado la literatura y que se ha traducido en las novelas, los poemas y demás criaturas paridas por el fuego y los juegos inspirados en esa pasión.
Nací en Pereira, ciudad de la zona cafetera del centro occidente de Colombia en 1954 y por azares de la vida familiar debí trasladarme a Medellín a muy corta edad donde cursé los ciclos de estudios correspondientes hasta graduarme de sociólogo en la Universidad Pontificia Bolivariana de esa ciudad. (1974).
La sociología, la entendía como un pretexto académico para estimular mi compromiso por las gentes que en nuestra sociedad sufren el peso indigno de la exclusión y el desarraigo sociales. Esto explica , que me haya vinculado a trabajos de voluntariado en la zona de Buenaventura, Costa Pacífica del país y una de las zonas más empobrecidas de la nación haciendo todo tipo de quehaceres , desde el de investigador de la situación socio educativa y religiosa de la región, hasta la organización de programas de desarrollo para las comunidades afroamericanas del litoral.(1977-1981).
Desde 1981 me trasladé a Bogotá para acompañar a mi esposa, Amparo Beltrán, en la orientación de un Centro Popular de Comunicación, CEPALC, que había fundado en 1978 para trabajar al servicio exclusivo de los sectores populares.Desde entonces, mi vida se ha confundido con la del Centro y a pesar de no pocas dificultades, desengaños y frustraciones, hemos logrado dar nuestros aportes desde ese pequeño espacio a la construcción de una verdadera cultura democrática en el país. En conclusión, mi experiencia de vida no cubre grandes tragedias, ni absolutas decepciones. Ha sido un transcurrir anónimo, si se quiere banal y prescindible.


